Que la Revolución cubana de 1959, particularmente después de la proclamación de su carácter socialista en 1961, constituyó un hito para la política y el pensamiento crítico en América Latina y en el mundo es una verdad indiscutible. De hecho, dos de los principales fundadores de la teoría marxista de la dependencia lo señalan de manera explícita. Según Theotônio dos Santos (1982, p. 355), durante la década de 1960, “la actividad intelectual latinoamericana estuvo profundamente influida por la revolución cubana y la crítica a las concepciones nacionalistas que atribuían una tarea revolucionaria a la burguesía nacional”. En la misma línea, Vânia Bambirra (1983, p. 19) sostuvo que “la revolución cubana demuestra en la práctica lo que teóricamente era obvio: el socialismo es viable y necesario en América Latina” y, como también afirma Theotonio dos Santos (1982, p. 30), la Revolución cubana “creó un nuevo marco político e ideológico. Se hizo muy evidente que las relaciones de dependencia no se podían superar dentro de los marcos del capitalismo”.
Sin embargo, quizá lo que resulta menos evidente es hasta qué punto la Revolución cubana incorporó perspectivas teóricas y políticas que fueron desarrolladas, desde el punto de vista científico, por la propia teoría marxista de la dependencia. En cuestiones como la relación entre el subdesarrollo de los países dependientes y el desarrollo de los países centrales, el problema del intercambio desigual y sus efectos sobre las economías dependientes, la doble moral de las potencias centrales frente al proteccionismo y el libre cambio, los mecanismos de transferencia de valor a través de la deuda externa, entre otros aspectos, es posible identificar con claridad los fundamentos analíticos de la teoría marxista de la dependencia.
[…] la Revolución cubana incorporó perspectivas teóricas y políticas que fueron desarrolladas, desde el punto de vista científico, por la propia teoría marxista de la dependencia.
En este texto nos proponemos señalar estos elementos, particularmente en el pensamiento de Fidel Castro, máximo dirigente de la Revolución cubana. Volver sobre su legado implica también un ejercicio de recuperación histórica. Como escribió José de Jesús Martínez (1987, p. 217), “recordar significa, literalmente, ‘volver a pasar por el corazón’”. Si para muchos intelectuales y militantes de las generaciones mayores, la memoria permite recordar la importancia de figuras emblemáticas del siglo XX que marcaron la reflexión crítica y la praxis revolucionaria en América Latina y el Caribe, para las generaciones más jóvenes –nacidas sobre todo a partir de la década de 1990, cuando el capitalismo proclamaba el “fin de la historia”– el acercamiento al pensamiento crítico y a la historia de las luchas latinoamericanas solo es posible mediante un esfuerzo deliberado.
Mientras que las generaciones anteriores pudieron aprender de la propia experiencia histórica, que latía intensamente desde el Río Bravo hasta la Patagonia, para quienes pertenecemos a las generaciones más jóvenes “volver a pasar por el corazón” exige un esfuerzo consciente, sustentado en la lectura y en la reflexión, especialmente en un contexto de profunda regresión política e intelectual. En este sentido, recuperar el pensamiento de Fidel, particularmente con motivo del centenario de su nacimiento, adquiere una relevancia especial en los tiempos actuales, sobre todo para las nuevas generaciones, a las que corresponderá continuar la lucha por la revolución latinoamericana y mundial.
La unidad dialéctica entre desarrollo y subdesarrollo
En una época en que las teorías dominantes concebían el subdesarrollo como una etapa previa al desarrollo y sostenían que era posible transitar una a otra dentro de los marcos del capitalismo, considerando además que el desarrollo de los países centrales no guardaba relación con el subdesarrollo de los países dependientes, Fidel Castro, al igual que los autores de la teoría marxista de la dependencia, comprendía con claridad que “la historia del subdesarrollo latinoamericano es la historia del desarrollo del sistema capitalista mundial” (Marini, 2012, p. 47).
De hecho, sobre la relación entre el desarrollo de Europa y el subdesarrollo de América Latina, Fidel Castro (1985, p. 5) afirmaba que:
Nosotros, los latinoamericanos, con la sangre y el sudor de los indios, con la sangre y el sudor de los negros esclavos, con la sangre y el sudor de los mestizos, financiamos el desarrollo capitalista de Europa. ¿De dónde salió el oro, de dónde salió la plata, de dónde salieron las finanzas que desarrollaron a Europa? De la sangre y del sudor de nuestros indios, de nuestros negros, de nuestros mestizos y de nuestros pueblos. Y ahora, durante dos siglos más, casi dos siglos más, los hemos seguido financiando.
Esta interpretación se distancia radicalmente de las concepciones etapistas del desarrollo. Para Fidel Castro, el subdesarrollo latinoamericano no constituye una fase transitoria que deba superarse mediante la modernización capitalista, sino que es el resultado histórico de la expansión del propio capitalismo a escala mundial. En este sentido, su lectura converge con uno de los postulados fundamentales de la teoría marxista de la dependencia: el desarrollo de las economías centrales y el subdesarrollo de las economías dependientes no son procesos independientes, sino momentos inseparables de una misma dinámica de acumulación. La riqueza de los países centrales y la pobreza de América Latina, lejos de representar trayectorias históricas desvinculadas, expresan una relación estructural de explotación y transferencia de valor que ha acompañado la constitución y la reproducción del capitalismo mundial.
Para Fidel Castro, el subdesarrollo latinoamericano no constituye una fase transitoria que deba superarse mediante la modernización capitalista, sino que es el resultado histórico de la expansión del propio capitalismo a escala mundial.
Resulta particularmente significativo que, en el pasaje citado, Fidel no limite esta relación al período colonial. Por el contrario, subraya que, incluso después de casi dos siglos de independencia política, América Latina continúa financiando el desarrollo de las potencias capitalistas. Con ello, pone de relieve que la ruptura del vínculo colonial no significó la superación de los mecanismos de subordinación económica, sino su transformación bajo nuevas formas históricas. Esta comprensión abre paso a una de las cuestiones centrales de su pensamiento económico: el intercambio desigual.
El problema del intercambio desigual
Sobre el intercambio desigual, Castro (1985, p. 8) afirmó que:
El intercambio desigual, el fatídico proceso en virtud del cual los productos básicos de la inmensa mayoría del Tercer Mundo reciben precios cada vez menores y los productos que importan de los países industrializados se les cobran cada vez más caros, tendencia histórica constante y progresiva, constituye una de las más diabólicas expresiones del sistema de relaciones económicas impuesto, y no puede calificarse de otra forma que de robo sistemático de los frutos del sudor y los recursos de nuestros pueblos. […] con la misma cantidad de café, azúcar, té, cobre, hierro, bauxita, con que hoy compramos un equipo médico, un medicamento, un motor de riego, un buldócer, una grúa, un camión, un tractor, un simple instrumento de trabajo, hace 35 años comprábamos tres veces más. Cada día más trabajo, cada día más sacrificio, cada día más hambre para ser compartida entre más personas, cada día más miseria.
Por lo tanto, para Fidel Castro el intercambio desigual constituye un mecanismo histórico y estructural del capitalismo mundial, mediante el cual los países dependientes transfieren riqueza a los países industrializados. Este proceso se expresa en el aumento constante de los precios de las manufacturas importadas desde el centro y en la pérdida sistemática del poder adquisitivo de las exportaciones primarias de la periferia, provocada por el deterioro de los términos de intercambio. Como resultado, los países dependientes deben exportar cada vez mayores cantidades de bienes para adquirir el mismo volumen de productos industriales, lo que implica una continua transferencia de valor hacia las economías centrales.
Aunque en la teoría marxista de la dependencia encontramos una elaboración teórica mucho más desarrollada de la transferencia de valor, sustentada en la teoría del valor de Karl Marx y que trasciende la explicación basada exclusivamente en el deterioro de los términos de intercambio, al llevar el tema del intercambio desigual al terreno de la política Fidel Castro pone de relieve uno de los aspectos fundamentales de las relaciones entre el centro y la periferia. Su reflexión destaca que, aun en contextos en los que no existen formas explícitas de intervención imperialista sobre los países dependientes, continúan operando, en el marco del mercado mundial, mecanismos estructurales de transferencia de riqueza desde la periferia hacia los países centrales.
No fue casual que Fidel Castro llevara la discusión sobre el intercambio desigual también al ámbito de las relaciones entre los países socialistas. Consciente de que el mercado mundial capitalista reproducía mecanismos sistemáticos de transferencia de valor en perjuicio de los países dependientes, defendió que las relaciones económicas en el seno del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) se rigieran por principios de solidaridad y cooperación, y no por los precios impuestos por el mercado mundial. De este modo, la crítica al intercambio desigual no se limitó a denunciar las asimetrías del capitalismo, sino que se tradujo en la búsqueda de formas concretas de construir relaciones económicas internacionales fundadas en criterios distintos de los de la acumulación capitalista.

Proteccionismo para unos, libre cambio para otros
La crítica de Fidel Castro a la doble moral de los países desarrollados frente al libre cambio no se limitó al plano teórico, sino que estuvo respaldada por numerosos ejemplos concretos de la política económica de las principales potencias capitalistas. Frente al discurso que presentaba el mercado como un espacio regido por la libre competencia y la no intervención estatal, Fidel puso de manifiesto la contradicción entre esa retórica y las prácticas efectivamente adoptadas por los países desarrollados. En particular, denunció que las mismas potencias que exigían la apertura comercial de los países dependientes recurrían sistemáticamente al proteccionismo y a los subsidios internos cuando se trataba de defender sus propios intereses económicos.
La crítica de Fidel Castro a la doble moral de los países desarrollados frente al libre cambio no se limitó al plano teórico, sino que estuvo respaldada por numerosos ejemplos concretos de la política económica de las principales potencias capitalistas.
De hecho, en sus palabras: “Todos los días una nueva medida, fruto de una ola proteccionista, invade el mundo capitalista industrializado.” (Castro, 1985, p. 12). Es decir, cuando la ley del valor resulta favorable para los países centrales, permitiéndoles apropiarse de riqueza mediante el intercambio desigual, estos defienden el libre cambio. Sin embargo, cuando esa misma ley del valor favorece a los países dependientes –por ejemplo, cuando estos producen bienes primarios con una productividad superior a la de los países centrales–, dicha ley es eludida mediante la intervención estatal, que, a través de subsidios y políticas proteccionistas, sostiene la producción de los países centrales.
La deuda externa
Si hubo un tema al que Fidel Castro dedicó una atención constante fue el de la deuda externa. La crisis del endeudamiento, desencadenada tras el brusco aumento de las tasas de interés por parte de Estados Unidos a comienzos de los años ochenta, sometió a las economías dependientes a una nueva forma de subordinación financiera, comprometiendo su crecimiento, profundizando los programas de ajuste y ampliando los mecanismos de transferencia de riqueza hacia los países centrales. Lejos de constituir un fenómeno coyuntural, la deuda externa pasó a desempeñar un papel estructural en la reproducción de la dependencia, una problemática que continúa siendo de plena actualidad en varios países latinoamericanos, como demuestra el caso argentino. En este contexto, Fidel no solo denunció las consecuencias económicas y sociales del endeudamiento, sino que también puso de relieve los mecanismos políticos y financieros que hicieron posible su expansión:
Ese período coincidió con una enorme acumulación de fondos procedentes, en gran parte, de los excedentes originados en varios países petroleros, los grandes exportadores de petróleo, que fueron depositados en los bancos de Estados Unidos y de Europa. Había tal abundancia de dinero, que los prestamistas, los bancos, corrían detrás de los deudores a ofrecerles préstamos. Se invirtieron los términos: por lo general son los deudores los que van a los bancos a solicitar que les presten, pero en América Latina, en muchos países, llegaban los banqueros a buscar a los deudores para prestarles dinero, con tasas de interés que eran más bajas de lo que son ahora; es decir, se prestó dinero a un interés más bajo y se cobra ahora a un interés mucho más alto. Podemos decir más: se prestó un dólar que tenía un valor y ahora se cobra un dólar sobrevaluado en casi 40 por ciento, según algunos expertos. (Castro, 1985, p. 14)
Fidel, un imprescindible
En este breve artículo hemos buscado destacar algunos de los temas en los que el pensamiento y la praxis política de Fidel Castro convergen de manera más clara con la teoría marxista de la dependencia en el análisis del capitalismo dependiente latinoamericano. Sin embargo, la riqueza y amplitud de su obra excede con creces los límites de este texto. Son muchos los aspectos que merecerían un examen más profundo y sistemático, imposible de desarrollar en el espacio disponible en este artículo.
Fidel no solo denunció las consecuencias económicas y sociales del endeudamiento, sino que también puso de relieve los mecanismos políticos y financieros que hicieron posible su expansión
Aun así, si este trabajo contribuye a despertar el interés por volver a las reflexiones de Fidel y por reconocer la vigencia de su pensamiento para comprender los desafíos de América Latina en el siglo XXI, habrá cumplido su propósito. Al fin y al cabo, recordar a Fidel no significa únicamente revisitar su legado intelectual, sino también mantener viva una tradición de pensamiento crítico y de compromiso con la transformación revolucionaria de nuestra América.
El poema de Bertolt Brecht, inmortalizado por la hermosa voz de Silvio Rodríguez en la canción Sueño con serpientes, nos dice que:
Hay hombres que luchan un día
Y son buenos
Hay otros que luchan un año
Y son mejores
Hay quienes luchan muchos años
Y son muy buenos
Pero hay los que luchan toda la vida
Esos son los imprescindibles
Fidel fue uno de esos imprescindibles en la lucha contra el capitalismo dependiente y por la construcción del socialismo en el mundo. Recordarlo es, sobre todo, seguir luchando junto a él y a tantos otros imprescindibles en el camino hacia la revolución.
Referencias
Bambirra, Vânia (1983). Teoría de la dependencia: una anticrítica. Ciudad de México: Era.
Castro, Fidel. (1985). La deuda externa. Selección de textos de Fidel Castro, feb-sept.1985. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado.
Dos Santos, Theotônio. (1982). Imperialismo y dependencia. Ciudad de México: Era.
Jesús Martínez, José de (1987). Mi General Torrijos. La Habana: Casa de las Américas.
Marini, Ruy Mauro (2012). Subdesenvolvimento e revolução. Florianópolis: Insular.





