El Grupo de Trabajo de CLACSO Imperialismo, neocolonialismo y políticas de intervención se propone analizar, documentar y divulgar las modalidades históricas y contemporáneas de la intervención colonial e imperial en las periferias a través del estudio de siete grandes mecanismos de intervención y siete objetivos prioritarios del neointervencionismo.


Contexto histórico

El mundo asiste a un acelerado y conflictivo proceso de transición epocal, en el que los grandes actores globales, estatales y no estatales, nacionales y trasnacionales, intensifican la disputa por su inserción preponderante o hegemónica en el nuevo sistema internacional en gestación. En este contexto, América Latina y el Caribe y otras periferias de Asia y África (e incluso de la misma y marginalizada Europa) aparecen como espacios claves de la reconfiguración del poder y la economía globales frente a un mundo pletórico de oportunidades emancipatorias, pero plagado también de peligros, crisis económica, desintegración social, conflagraciones militares, genocidio, colapso ecosistémico, sobre todo para los sujetos y países subalternos.

Categorías nodales de la academia crítica, las ciencias sociales latinoamericanas y caribeñas y la intelectualidad periférica como las de imperio, imperialismo, potencia rectora, sistema-mundo, colonización, colonialidad del poder, neocolonialismo, colonialismo interno, dependencia, hegemonía e intervencionismo, lejos de quedar perimidas, reemergen con todo su potencial analítico como claves de interpretación insoslayables para comprender e interpretar los nuevos «signos de los tiempos». 

Pese a la continuidad histórica de estos fenómenos, entre la disolución de la Unión Soviética a fines del siglo XX (e incluso antes) y la emergencia de la llamada «guerra contra el terror» a comienzos del XXI, se modificaron de forma sustantiva la economía política, los objetivos, los actores, las narrativas, las doctrinas y los mecanismos de la intervención imperial y neocolonial. Guerra de cuarta generación, guerra híbrida, guerra cognitiva, revoluciones de colores, el nuevo Plan Cóndor y otros conceptos fueron elaborados para dilucidar el ritmo, las características y los alcances de estas transformaciones de gran envergadura.

Además, la transición hegemónica en curso, la emergencia de un mundo multipolar, el declive norteamericano (pero también de otras potencias occidentales como las europeas y Japón) en diferentes rubros de su economía, sociedad, política, diplomacia y cultura, han hecho que el viejo hegemón deba actualizar sus antiguas doctrinas y corolarios imperialistas y sus estrategias de seguridad nacional (en rigor, de intervención trasnacional), con un repliegue hemisférico que intenta retomar las riendas de su dominio desde Alaska a la Patagonia, con proyección hacia el continente antártico, con nuevos movimientos de militarización que buscan responder al desafío presentado por las potencias emergentes, los gobiernos progresistas y de izquierda y los movimientos de resistencia antiimperialista que estuvieron en auge en los primeros años del presente siglo.

Mientras tanto, en otros escenarios como el continente africano recrudecen las políticas de balcanización territorial merced a la intervención de potencias occidentales y de algunos países árabes. Podemos pensar en la intervención militar devastadora de Libia en 2011 como paradigma, pero ya encontramos antecedentes en la fragmentación territorial de la República Democrática del Congo durante las guerras de 1996-2003 y el secesionismo de Puntlandia y Somalilandia en el seno del conflicto somalí de la década del 90. Actualmente, países como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, con intereses geoestratégicos en Sudán, han recurrido al uso del mercenariado extranjero y financiado a un paramilitarismo que adquiere la forma del denominado «islamismo armado». En contrapartida, observamos una serie de procesos de paz como en el este congolés, donde Estados Unidos, como tercera figura, pretende obtener concesiones de tierras raras a través de formas débiles de seguridad y arbitraje. 

A la par, una serie de gobiernos militares soberanistas con iniciativas como la Alianza de Estados del Sahel buscan garantizar la integridad territorial de los Estados poscoloniales a través de acuerdos subregionales, en particular frente al avance de estos mismos grupos armados irregulares, y hacer retroceder a potencias como Francia de sus antiguas posiciones coloniales, dejando de lado su fallido proyecto de securitización. Mientras, en el Norte de África, Marruecos prolonga y acentúa la política colonial tercerizada en el Sáhara Occidental. Ante el retroceso de Estados Unidos y la Unión Europea en el continente, y bajo el paraguas multipolar, se desarrolla una conflictiva transición hegemónica que enmarca los fenómenos antes descritos. Ello se manifiesta no solo en las posiciones perdidas por Occidente, sino especialmente en la creciente presencia de potencias globales como China y Rusia, que han ganado un importante ascendiente mediante acuerdos comerciales, financieros, de infraestructura o de cooperación militar.

En Asia Occidental, la escalada del genocidio palestino en la Franja de Gaza conmociona a toda la región, mientras se produce un endurecimiento de la política de colonización por asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este. Entre tanto, la entidad colonial israelí ha experimentado sobre el terreno nuevas y avanzadas tecnologías de muerte a través de la utilización masiva de drones, software espía e Inteligencia Artificial. Consumado el total arrasamiento de Gaza, nuevas formas de «gobernanza» comienzan a ensayarse a través de falsas organizaciones de ayuda humanitaria y del estímulo a grupos locales o extra-locales que puedan gestionar la fragmentación del territorio para su completa inviabilización o para su deglución futura por la entidad colonial israelí. Siria, tras la caída de Bashar al-Ásad y el ascenso de Abu Mohamad al-Golani y la formación HTS, es otro laboratorio privilegiado de la reorganización de un territorio en el post-conflicto, que da cuenta además de la estrecha alianza entre las potencias coloniales occidentales, el terrorismo trasnacional, los grupos religiosos radicalizados y las estructuras paramilitares. Por otro lado Irán, la principal potencia regional adversaria a Occidente, es masivamente afectada por las sanciones y otros mecanismos de la guerra económica.

En Europa la Guerra de Ucrania, cada vez más privatizada y mediada por el mercenariado trasnacional, ha reconfigurado todos los equilibrios. Como respuesta, la Unión Europea ha iniciado un masivo proceso de rearme y llevado el gasto militar a las nuevas metas exigidas por la OTAN, lo que augura escenarios de creciente conflictividad regional, una mayor preponderancia de los complejos militar-industriales y un retorno al servicio militar. Mientras tanto la actividad industrial se desploma en Alemania y otros países, crecen los discursos intolerantes contra la migración, el feminismo y las diversidades, se fortalecen y alcanzan el poder del Estado formaciones de extrema derecha y el «viejo continente» se autocondena a las más completa irrelevancia geopolítica, totalmente supeditado a las orientaciones de Donald Trump. Además, la guerra ha propiciado nuevas formas de la guerra cognitiva, una mayor manipulación informativa y la proliferación de mecanismos de censura. En este escenario de militarización y rearme no puede descartarse del todo una guerra frontal con Rusia, también hiper-sancionada.

Pero las transformaciones sucedidas en el campo de las doctrinas y las estrategias de la intervención no fueron los únicos cambios significativos. Desde los tiempos de las Internacionales socialistas y comunistas, los Congresos Panafricanistas, el pan-arabismo, el Movimiento de No Alineados y la OSPAAAL, la academia crítica de las periferias latinoamericanas, euroasiáticas y africanas retrocedió notablemente en sus niveles de diálogo, articulación e integración política, intelectual e institucional. Pese a contar con algunos mínimos comunes denominadores asentados en categorías como las de Sur Global, transición hegemónica o multipolaridad, los horizontes emancipatorios no son necesariamente claros ni compartidos. 

Problemas y líneas de trabajo

En este contexto, algunas preguntas rectores se imponen: ¿Qué es el imperialismo hoy? ¿Qué tipo de economía política le es consustancial? ¿Cuáles son sus actores protagónicos? ¿Qué iluminan las teorías clásicas sobre el colonialismo? ¿Cómo se han adaptado los mecanismos de intervención al último ciclo de acumulación del capital y al nuevo momento geopolítico? ¿Qué tipo de regímenes políticos demandan y estimulan estos mecanismos y doctrinas? ¿Qué repertorios de resistencia suscitan como contraparte en los sujetos y países subalternos? ¿Qué rol juegan los actores vasallos locales? ¿Cómo definir un golpe de Estado o una iniciativa de ?cambio de régimen? en la actualidad? ¿Basta con pensar el intervencionismo contemporáneo bajo el paradigma clásico de la contrainsurgencia del siglo XX o del viejo Plan Cóndor? ¿Cómo prolifera la intervención en un momento de transición hegemónica? ¿Pueden potencias intermedias replicar prácticas intervencionistas? ¿Cuál ha sido el devenir de los modelos de colonización clásicos, aún supervivientes?

En este contexto y con estas preguntas disparadoras, nos proponemos trabajar en torno a siete grandes mecanismos de la intervención imperial y neocolonial:

1) Los procesos de militarización central y periférica, con el protagonismo de los complejos militar-industriales nacionales y de alianzas militares transnacionales como la OTAN. Este eje incluye el mantenimiento o refuncionalización de bases, el desarrollo de tecnologías militares en materia nuclear, balística, de IA o drones, el despliegue de tropas en territorios periféricos, los acuerdos de cooperación, entrenamiento, equipamiento y transferencia tecnológica o la realización de ejercicios militares conjuntos.

2) Los fenómenos y formaciones paraestatales, que se han adaptado a nuevos entornos y coyunturas, ganando cada vez mayor protagonismo. Estos fenómenos abarcan desde los grupos y organizaciones paramilitares clásicas hasta la instrumentalización contemporánea de las narcoestructuras, el mercenariado y la criminalidad (políticamente) organizada, que operan como mecanismos de control territorial y poblacional, o como inductores de crisis internacionales o de balcanización estatal. A su vez, estos mecanismos paraestatales no sólo tercerizan en parte las funciones represivas de los propios Estados, sino que reconfiguran también los patrones de poder locales, tienden a destruir el tejido social-comunitario y cooptan y a su vez estimulan ciertas formas de masculinidades violentas. 

3) El llamado «intervencionismo humanitario», desde la proliferación de oenegés neocoloniales del Norte Global, pasando por las llamadas «misiones de paz» de la ONU, la OEA y otros organismos supranacionales, hasta los mecanismos de cooperación específicos en el campo de la alimentación, la salud o los derechos de las mujeres y las diversidades. Este intervencionismo se funda en nuevos conceptos como la R2P (responsabilidad de proteger), la «suspensión de soberanía», el ?principio de no indiferencia? y otros análogos. Estos mecanismos se correlacionan en general con la caracterización de ciertos Estados periféricos y sobre-intervenidos como «frágiles», «fallidos» o «delicuescentes» o incluso como «entidades caóticas ingobernables». Es precisamente en estos países, que adolecen de crisis sanitarias, alimentarias, migratorias o ecosistémicas, en donde los principios de autodeterminación nacional y soberanía estatal parecen entrar en suspenso con la argucia humanitaria.

4) La guerra cognitiva tipificada en los manuales de la OTAN como el intento de «atacar y degradar la racionalidad [del enemigo], para explotar sus vulnerabilidades y obtener su debilitamiento sistémico» a través de «actividades militares y no militares deliberadas y sincronizadas». Aquí entra en acción un amplio abanico de tácticas que van desde la instrumentalización de medios y redes sociales, la fabricación masiva y segmentada de noticias falsas y la manipulación de la percepción a través de operaciones de guerra psicológica. Es en este marco que podemos estudiar la imposición de narrativas legitimadoras de la intervención por parte de las viejas corporaciones de prensa y las nuevas plataformas digitales, en donde las Big Tech despliegan un poder casi omnímodo para imponer discursos y mecanismos de neo-censura.

5) El lawfare, la judicialización de la política y la consecuente demonización, persecución, criminalización, desmoralización y encarcelamiento de la disidencia política, fenómeno asociado o no a la consecución de golpes de Estado «institucionales». El lawfare no sólo se dirige a líderes políticos y partidarios de primer nivel, sino también a una amplia gama de movimientos sociales y populares. Aquí, la cooptación y formación de jueces y magistrados en los Estados Unidos resulta un engranaje central para fidelizar y utilizar a estos actores como agentes vasallos y arietes de la intervención.

6) La guerra económica, otro fenómeno antiguo que ha mutado en la actual fase financiarizada del capital y bajo el amparo de las políticas neoliberales. Encontramos aquí varios sub-fenómenos, como la manipulación de la deuda externa a cuenta de acreedores privados y de organismos multilaterales de crédito; el ataque y desestabilización de las monedas soberanas que puede conducir a procesos hiper-inflacionarios; el congelamiento o robo de activos; la asfixia financiera y la exclusión de ciertos países del acceso al crédito o de las redes interbancarias internacionales; los embargos y bloqueos económicos extraterritoriales, las sanciones económicas «legales» y las medidas coercitivas unilaterales.

7) Las fuerzas vasallas; es decir, la instrumentalización de ciertas confesiones religiosas, desde el neopentecostalismo en América Latina y el Caribe hasta algunas variantes radicalizadas del Islam en África y Asia Occidental, visible en el no siempre bien caracterizado fenómeno del «yihadismo». Pero encontramos también el estímulo y despliegue de nuevas formaciones políticas ultra-derechistas, fuerzas vasallas geopolíticamente alineadas a los intereses del Norte Global, articuladas a nivel planetario.

A su vez, se estudiará cómo estos siete mecanismos preponderantes persiguen siete grandes objetivos. 1) Consumar los tan mentados «cambios de régimen», deponiendo gobiernos populares, soberanistas, progresistas y de izquierda y reemplazarlos por otros alineados al gran hegemón norteamericano y a sus aliados. 2) Mantener el dominio sobre ciertos enclaves coloniales particulares o sobre territorios no autónomos, como sucede en el Gran Caribe y en algunas regiones africanas y euroasiáticas. 3) Establecer «zonas de exclusión imperial», que buscan limitar la presencia y la competencia de potencias rivales en la transición hegemónica en curso, ya sea China, Rusia, Irán o cualquier otra. 4) Dominar zonas geoestratégicas como rutas comerciales, pasos interoceánicos, fronteras, corredores de movilidad humana o espacios de valor militar. 5) Despojar a las periferias de recursos críticos y asegurar el acceso seguro, y en condiciones de dependencia, a mercados cautivos y a bienes comunes como hidrocarburos, minerales y tierras raras, agua, alimentos o biodiversidad. 6) Fragmentar, balcanizar e inviabilizar ciertos territorios o formaciones estatal-nacionales, sea por medio de la intervención militar directa o a través de la instrumentalización de actores civiles o armados no estatales. 7) Controlar territorios insubordinados, liderazgos populares y organizaciones adversas a los mecanismos de subordinación, intervención y exclusión. Cabe destacar que ningún mecanismo de intervención opera sin encontrar resistencias; por eso, la construcción de alternativas a partir de las luchas anticoloniales y antiimperialistas será un tema transversal.

Investigaremos estas problemáticas no sólo desde nuestra región, sino desde un esfuerzo de tipo Sur-Sur, con intelectuales de África, Asia Occidental y Europa, o con quiénes desde nuestra región investigan esos escenarios.

Si quieres saber más, consulta nuestro plan de trabajo trienal.