Nigeria y la falsa narrativa trumpista: descifrando el mal llamado «genocidio cristiano»

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Reflexionamos más allá de los titulares manipulados por parte de la gran prensa occidental sobre Nigeria y la violencia interreligiosa. Fuente: CEID


El presente ensayo no pretende desconocer el hecho de las muertes de personas cristianas en Nigeria, especialmente durante 2025, sino más bien reflexionar en torno a esta problemática y pensar más allá de los titulares manipulados de la gran prensa occidental. Plantear que las muertes de civiles en Nigeria solo se resumen a cristianos, no solo es tendencioso sino muy reduccionista. ¿Por qué valdría más «sacar» a la luz pública cuando son asesinadas personas de fe cristiana que cuando ocurre esto entre personas musulmanas? ¿Acaso solo importa cuando los muertos son cristianos y no musulmanes nigerianos, nigerinos, malienses o palestinos? ¿Por qué se reduce el hecho sólo al aspecto religioso de las personas? ¿Por qué no se articula una campaña mediática similar cuando se trata de los más de 75 mil palestinos asesinados en Gaza? Las respuestas son simples: agendas e intereses geopolíticos de Estados Unidos y sus aliados.

Sin dudas, dichos enfoques y noticias parcializadas buscan jugar con las emociones del público al que van dirigidas: el mundo occidental cristiano. Esto recuerda al recurrente discurso de civilización contra barbarie, de los musulmanes contra los cristianos, de los «valores» occidentales puestos en crisis por el «fundamentalismo» islámico, como si no hubiera fundamentalistas cristianos de este lado del mundo. En resumen, se trata de la manida teoría del «choque de civilizaciones» y de promoción oficial de la islamofobia. Es un deber social rechazar y condenar las muertes de personas civiles sin importar su pertenencia nacional, étnica, social o religiosa. Habiendo establecido estas ideas como principio, deconstruyamos entonces la narrativa trumpista sobre el mal llamado «genocidio cristiano» en Nigeria.

Existe toda una discusión académica en el plano teórico sobre la naturaleza de los conflictos en África: si estos son interétnicos, interreligiosos o ambos. Esta esencialización de los conflictos esconde las causas más profundas que están detrás de este tipo de enfrentamientos, o si el factor étnico-religioso es instrumentalizado para impulsar agendas políticas de actores internos o externos, como lo es la situación en Nigeria. Al ser el argumento académico, por naturaleza, más complejo que la inmediatez del discurso periodístico, este último suele presentar sólo una de las caras más visibles del problema. Este es el caso, apelando a la sensibilidad que provoca el hecho de que estén persiguiendo a los cristianos en Nigeria.

Dicho país, ubicado en África Occidental, es rico en petróleo, tiene profundas diferencias regionales, una gran diversidad étnica-religiosa y conflictos internos de varios tipos. Han existido enfrentamientos intercomunitarios en regiones del Delta del Níger, por contaminación ambiental producida por compañías petroleras estadounidenses y británicas; en el centro del país y en el noroeste, vinculados a la violencia de organizaciones terroristas como Boko Haram y el Estado Islámico de la Provincia de África Occidental (ISWAP). Sin embargo, sobre estos problemas de larga data, no se articulan campañas externas para su solución. Por lo tanto, estos tipos de conflictos están relacionados con múltiples factores sociales, económicos y políticos, que tienen una expresión en las comunidades étnicas y en los territorios en las que estas viven. La realidad nigeriana es bastante compleja, como para reducirla a una mera cuestión religiosa. También es necesario aclarar que las contradicciones entre cristianos y musulmanes en Nigeria no es algo nuevo de 2025. Al menos desde 2010 ―es decir hace 16 años― ya se reportaban enfrentamientos en la región de Plateau. Estas pugnas entre la etnia fulani ―pastores nómadas musulmanes― y la etnia berom ―agricultores cristianos―, tuvieron como escenario principal los alrededores de la ciudad de Jos, en el centro de Nigeria, precisamente el lugar donde mayormente confluyen estas dos religiones y donde murieron tanto cristianos como musulmanes. Siempre es necesario, en cualquier estudio sobre las realidades africanas, hacer uso de los antecedentes históricos, porque en la mayoría de los casos, no son problemáticas nuevas.

Siempre es necesario, en cualquier estudio sobre las realidades africanas, hacer uso de los antecedentes históricos, porque en la mayoría de los casos, no son problemáticas nuevas.

Solo en el 2010 se produjeron alrededor de 700 víctimas. En marzo de 2010, dichas tensiones alcanzaron su punto máximo, llevando al gobierno central a declarar el estado de alerta5. Tal fue la situación que incluso, ante un auditorio de estudiantes en Trípoli, el entonces presidente libio Muamar al Gadafi, declaró que la solución a este problema era la separación de Nigeria en dos Estados, tomando como bases su composición religiosa6. Dicha declaración causó, por supuesto, un gran rechazo en las autoridades nigerianas.

El por entonces, recién electo presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, declaraba en la ONU, que su país no estaba dividido entre cristianos y musulmanes, rechazando la idea de que las confrontaciones tengan un trasfondo religioso. «Un error que comete la gente que no es de Nigeria es creer que en el norte hay sólo musulmanes y en el sur cristianos. Eso es falso. Tenemos ambas religiones en ambos polos del país. El tema de la violencia en Nigeria no es de cristianos contra musulmanes».

Por estas razones, explicar los conflictos sólo por los factores religiosos no suele ser exacto, debido a que, en este caso, no se puede afirmar categóricamente que existen dos regiones bien diferenciadas por motivos religiosos, ya que la mezcla confesional es un hecho en buena parte del país. En casi todas las naciones africanas ocurre casi lo mismo, aunque siempre hay regiones predominantemente más musulmanas que otras, etc. Las causas hay que buscarlas en las diferencias económicas entre regiones, en la competición por escasos recursos agrícolas, de pastizales, de agua potable; en las diferencias de clases y en el abandono como resultado de décadas de políticas neoliberales antisociales.

En aquella época, como ahora, el gobierno federal nigeriano, encabezado desde 2023 por el presidente Bola Ahmed Tinubu, no tiene capacidad de respuesta para buscar una solución duradera ni a dichos enfrentamientos ni al terrorismo que los afecta desde 2009. Por lo tanto, el escenario de inseguridad seguirá fluctuando entre momentos de mayor y menor tensión.

Para tener una perspectiva comparada, debemos ubicar de cuánta población estamos hablando. Nigeria tiene unos 237 millones de personas (2025) y 250 grupos étnicos diferentes. Se suele generalizar que existen tres grandes macrozonas según las identidades religiosas, que no son áreas homogéneas. Cuando se analiza la composición religiosa se tiene en términos demográficos que hay una división casi uniforme entre el islam (45.5–53.5 %) y el cristianismo (45.9–54.2 %), donde el islam es dominante en el norte; en el suroeste destacan las religiones tradicionales africanas como el culto yoruba y en el sureste dominan los igbos cristianizados.

Esto significa que los cristianos no son una minoría en Nigeria y sus intereses chocan justo en el centro del país. También habría que hacer un análisis del comportamiento de las élites políticas del país, del control de los recursos naturales de las contradicciones políticas ―ya desde la independencia en 1960― y de los programas de ajuste estructurales, que han ido dándole forma al panorama socioeconómico y político nigeriano actual.

Ahora bien, es importante señalar también el contexto regional e internacional en el que se dieron los acontecimientos y la campaña trumpista en «favor» de los cristianos en Nigeria. Sin dudas, se producen en medio de una auge y consolidación de la extrema derecha cristiana proisraelí y prosionista, tanto en Estados Unidos, como en América Latina y Europa. Todo se relaciona, además, con la acusación planteada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia contra Israel, por el genocidio en Gaza. Esto llevó al gobierno de Donald Trump a una campaña de aislamiento político ―del G20 y del G7― y sanciones económicas mediante aranceles en contra de Sudáfrica tras la narrativa de un «genocidio blanco», lo cual era rotundamente falso.

Fue así, que comenzaron a circular reportes, informes, noticias sobre «asesinatos de cristianos», en un país africano. Uno de los voceros o replicadores de los datos fue una organización de cristianos evangélicos llamada Open Doors International, en cuya página oficial se puede leer: «Open Doors ha dado muestras de la presencia del espíritu de Dios al ser fiel a su visión y a sus fundamentos». Es decir, no es en lo absoluto, un centro académico sino religioso. Todos de una manera u otra, comenzaron a replicar la cifra de más de 7.000 cristianos muertos en el país.

De esta manera lo presentaba otro medio: «Nigeria en el 2025 tiene todos los rasgos de un genocidio. Más de 7.000 cristianos asesinados entre enero y agosto, una media de treinta víctimas diarias. Alrededor de 7.800 secuestrados por el mero hecho de profesar la fe cristiana. Miles de iglesias y pueblos arrasados. Campos de desplazados convertidos en escenarios de masacres. Las cifras son escalofriantes: el 69% de todos los cristianos asesinados por su fe en el mundo en 2025 corresponde a Nigeria». Puro sensacionalismo mediático cargado de emociones.

Las estadísticas en ciencias sociales son muy engañosas. En estos informes, no se explica cómo recopilaron esa información, cuáles son sus fuentes, a quiénes dejaron fuera de esas estadísticas, a quiénes entrevistaron, cuál es la muestra representativa, etc. En el mundo actual hay que desconfiar de los datos y someterlos a crítica. Por ejemplo, y solo como un dato de contraste, si vemos la situación en México, con una población de 140 millones de personas ―casi la mitad de la de Nigeria―, solo en 2024: «las desapariciones anuales en México alcanzaron un máximo histórico de 13.627 casos, ―es decir, casi el doble de las cifras que supuestamente se reportan en Nigeria― según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO)». Sin embargo, aquí no se especifica si son católicos o cristianos. Dado el alto por ciento de catolicismo en México se debería entender que más de la mitad de esas personas podrían ser cristianas. Entonces ¿por qué en un contexto se quiere dar ese matiz religioso y en otro no? ¿O acaso lo que se persigue es demonizar a los musulmanes?

Las estadísticas en ciencias sociales son muy engañosas. En estos informes, no se explica cómo recopilaron esa información, cuáles son sus fuentes, a quiénes dejaron fuera de esas estadísticas, a quiénes entrevistaron, cuál es la muestra representativa, etc.

Volviendo al reportaje sobre Nigeria, ahí se asevera que hay un «genocidio» y que hay miles de secuestros y desplazados. Estos dos últimos aspectos han sido una realidad en el país, al menos desde 2009, cuando surgiera el grupo terrorista Boko Haram, en el noreste, una zona, dominada por musulmanes. La situación se agravó en 2014, cuando realizaron el secuestro de 276 niñas y adolescentes, musulmanas, de una escuela rural en el poblado de Chibok, lo cual generó una campaña internacional conocida como «Bring back our girls».

Hace 12 años de esos acontecimientos y desde entonces, el secuestro de mujeres musulmanas por parte de esta organización se ha mantenido. Luego, el terrorismo, mal llamado islámico, ha seguido expandiéndose por todo el norte y hacia la zona fronteriza con Níger, Chad y Camerún, como parte de un fenómeno que abarca toda la región del Sahel central y no es exclusivo de Nigeria. Sus víctimas principales han sido los musulmanes. Regresemos a los datos de violencia en Nigeria para seguir deconstruyéndolos. Si tomamos, por ejemplo, las estadísticas que año tras año actualiza el Africa Center on Strategic Studies, que pertenece al Departamento de Defensa de Estados Unidos, ahí se plantea que en toda la Cuenca del Lago Chad ―Norte de Nigeria, Chad, Níger y norte de Camerún― en 2024 hubo un total de casi 4.000 víctimas civiles y en 2025 la cifra ya pasó un poco de los 4.00013. Otra de las cifras que ellos mismos publican, indican que: «En los últimos años, el Sahel ha experimentado un alto nivel de letalidad sostenido, vinculado a grupos islamistas militantes. El promedio anual de casi 10.500 muertes en los últimos tres años duplica con creces las 4.900 muertes anuales registradas entre 2020 y 2023. Esto representa un aumento de siete veces en el número de víctimas mortales anuales desde 2019».

Con estas cifras, resulta contradictorio que los medios hayan estado dando como un dato que sólo en Nigeria hubo 7.000 asesinatos de cristianos, como resultado de las acciones de grupos terroristas, cuando las estadísticas de este centro estadounidense están dando 10.500 para toda la región del Sahel ―occidental― que incluye cinco países. Otro elemento, es que en las cifras de ACST no indican la afiliación religiosa de las víctimas, solo indican «víctimas civiles». Aquí lo importante a destacar es que son víctimas civiles, sin importar su pertenencia étnica o religiosa. Mario Pérez Galindo en su análisis periodístico cita a varios académicos, personalidades y líderes políticos que coindicen en el hecho de que no se puede hablar de un genocidio contra los cristianos en Nigeria. En este sentido referencia a Malik Samuel, investigador del centro panafricano Good Governance Africa; a Marta Driessen, investigadora del Real Instituto Elcano; a Marta Íñiguez de Heredia, profesora en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y al presidente de la Comisión de la Unión África, Mahmoud Ali Youssouf14. Por su parte, el politólogo francés Marc- Antoine Pérouse, especialista en violencia en África, cuestiona la metodología científica de esos informes y se opone a la «narrativa» de hablar de genocidio.

En uno de los reportajes de la BBC, desde Lagos, redactado por Olaronke Alo, Chiamaka Enendu y Ijeoma Ndukwe se cuestionan las cifras que se daban sobre los asesinatos de cristianos. Un primer elemento a tener en cuenta es que estas cifras eran difíciles de verificar. En el reporte se plantea que uno de los datos que fueron citados acríticamente por parte del congresista republicano Riley M. Moore y del senador republicano Ted Cruz, en marzo de 2025, venían de un informe de 2023 de la Sociedad Internacional de Libertades Civiles y Estado de Derecho (InterSociety). Esta ONG que monitorea y rastrea los «abusos» de derechos humanos en Nigeria, fue fundada por el abogado Emeka Umeagbalasi, de etnia igbo (sur de Nigeria). Aquí se expone que desde 2009 unos 125.000 cristianos han sido asesinos en esos dieciséis años. El reportaje de BBC indica que InterSociety no compartió una lista desglosada de sus fuentes. Mientras tanto, la BBC hizo la suma del número de muertes en alrededor de 70 informes y encontró que el total era de unos 3.000 cristianos muertos. Uno de los problemas de todos estos informes es que algunos de los ataques parecen estar reportados más de una vez y en otros ni siquiera se menciona la identidad religiosa de las víctimas. Un artículo de Oscar Garrido, del Instituto Español de Estudios Estratégicos, también se hace eco, y sin cuestionar, de las estadísticas aportadas por varias organizaciones cristianas, como Open Doors, Ayuda a la Iglesia Necesitada o International Christian Concern. En particular cita las del informe de Open Doors, publicado en enero de 2026, y que sostiene que, de los 4.849 cristianos asesinados en el mundo, entre octubre de 2024 y septiembre de 2025, 3.490 lo fueron en Nigeria. Da por hecho estas cifras, al igual que las del Observatorio para la Libertad Religiosa en África (ORFA), en cuyo informe no hay claridad de cómo distinguen entre civiles y combatientes o entre cristianos y musulmanes. De la misma manera, aplican porcentajes fijos de musulmanes y cristianos para cada estado del país y no se cita ninguna fuente que explique el origen de estas cifras.

Sanogo-AFP / Africa Report

No obstante, en sus referencias sobre el Centro Africano de Estudios Estratégicos, el IEES plantea que, según este centro, África, en su conjunto, ha experimentado aproximadamente 155.000 muertes relacionadas con «grupos islamistas militantes» durante la última década, en cinco escenarios: tres regionales: Sahel, Cuenca del Lago Chad y Norte de África; y en dos países: Somalia y Mozambique. Entonces ¿cómo es posible que según el informe de InterSociety, haya habido 100 mil muertes de cristianos en Nigeria en más o menos el mismo periodo? Sin dudas estamos en presencia de una manipulación intencionada de los datos, para impulsar una agenda política, que ha sido instrumentalizada, al estilo fake news trumpista, dado que no hay consistencia en ninguno de los informes o reportes publicados.

Otra arista de la problemática es la estigmatización del grupo étnico de los fulani, como los «responsables» de estos asesinatos y su vinculación a los grupos terroristas.

Este argumento es falso y solo refuerza los estereotipos sobre dicha comunidad étnica. Los grupos terroristas en Nigeria y en el resto del Sahel, reclutan personas de todas las etnias. Dentro de las comunidades fula, hay personas que sí están vinculadas a estos grupos, como también hay miembros de los fulani que han sido asesinados por estos mismos grupos terroristas, al no compartir su ideología y métodos, de la misma manera que han existido enfrentamientos a lo interno de las comunidades fulani.

Por lo tanto, no se puede simplificar la violencia en Nigeria, a un solo tipo de violencia, la religiosa, y en especial la que se produce entre cristianos y musulmanes. Existen múltiples niveles de violencia intercomunitaria en el país, desde el norte, el centro y hasta en la zona del Delta del Níger. También hay que decir que el mayor número de víctimas civiles en Nigeria y en el resto de la zona del Sahel, son precisamente musulmanes, porque las principales víctimas del mal llamado terrorismo islámico son otros musulmanes que se oponen a ellos y a los cuales, los grupos terroristas los califican de takfir.

A toda esta campaña mediática, le siguieron las amenazas de Donald Trump de realizar una intervención militar en Nigeria, si el gobierno del presidente Bola Ahmed Tinubu, no hacía algo para «parar» dichas «atrocidades» contra los cristianos. El desenlace fue un ataque directo por parte del ejército de Estados Unidos, el 25 de diciembre de 2025, contra campamentos de la organización terrorista Estado Islámico del Gran Sahara (EIGS), en el estado de Sokoto, en el noroeste del país. El AFRICOM declaró que el ataque se realizó desde un buque en el Golfo de Guinea. El resultado de esta operación fue la muerte tanto de civiles como de integrantes supuestamente vinculados al EIGS.

Las principales víctimas del mal llamado terrorismo islámico son otros musulmanes que se oponen a ellos y a los cuales, los grupos terroristas los califican de takfir

La cooperación militar entre Estados Unidos y Nigeria se ha mantenido y, a pesar, de las declaraciones en contra de la narrativa de Trump, el gobierno permitió esta acción, así como el despliegue, en febrero de 2026, de 100 efectivos estadounidenses en el país para labores de entrenamiento. El resultado final no fue más que para justificar una acción militar directa por parte del AFRICOM. Con respecto a la violencia interreligiosa y las acciones de los grupos terroristas, esta acción militar estadounidense no tuvo ningún impacto real y concreto, porque la respuesta militar nunca ha sido la solución a estos problemas de seguridad.

Con este ensayo busco llamar la atención sobre la complejidad del tema y del análisis académico, puesto que estamos inmersos en una campaña mediática parcializada y acrítica. En muchas partes de África, se magnifican estos enfrentamientos interreligiosos, sin contexto histórico, ni análisis profundo. En este caso se busca victimizar a los cristianos y demonizar a los musulmanes. Esto es parte de un discurso islamofóbico que tiene ya 25 años y que sigue respaldado por el auge de la extrema derecha cristiana en todo el mundo occidental, cuyo foco se centra ahora en el «régimen teocrático iraní», enemigo de Occidente y de la democracia. Mientras tanto, 75.000 palestinos han sido asesinados por Israel en Gaza en los últimos dos años y otros miles más han muerto en conflictos civiles africanos, sin que tengan alguna resonancia mediática, que no sea al menos para impulsar agendas militares de las potencias occidentales en África y el Medio Oriente.

Referencias

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  • Yoslán Silverio González

    Doctorante en Estudios de Asia y África en El Colegio de México. Conduce el podcast Contexto África. Investiga sobre terrorismo; procesos electorales; golpes de Estado e integración en África; políticas de Estados Unidos y China hacia el continente africano.

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