El 11 de abril de 2026, Ismail Omar Guelleh fue electo presidente de Yibuti, un paรญs de poco mรกs de 23,000 kmยฒ que, pese a su reducida extensiรณn territorial, concentra en su territorio bases militares de Estados Unidos, China, Francia, Japรณn e Italia. A ello se suman los proyectos de paรญses de la Penรญnsula Arรกbiga, como Arabia Saudรญ, que buscan instalar nuevas infraestructuras militares, atraรญdos por la densidad geoestratรฉgica de este enclave africano. Yibuti se sitรบa al oeste del estrecho de Bab al-Mandeb, una angosta franja marรญtima que enlaza el Golfo de Adรฉn con el Mar Rojo y que constituye uno de los corredores mรกs sensibles para el comercio mundial. En la orilla opuesta se encuentra Yemen, donde Ansar Allah โpopularmente conocidos como hutรญesโ han confrontado las polรญticas imperiales y genocidas de paรญses como Israel y Estados Unidos.
En este marco, la elecciรณn de Guelleh no resulta sorprendente, aunque en cualquier otro contexto suscitarรญa mayores cuestionamientos. Guelleh llegรณ al poder en 1999 y, con las elecciones de 2026, consolida su quinta reelecciรณn, inaugurando asรญ un sexto mandato. A sus 78 aรฑos, enfrentรณ a un solo rival y obtuvo mรกs del 97% de los votos, cifra que contrasta con las crรญticas internas hacia su proyecto de corte autoritario. No obstante, su permanencia se sostiene en el respaldo de Occidente, que privilegia la estabilidad que garantiza para sus intereses.
Guelleh llegรณ al poder en 1999 y, con las elecciones de 2026, consolida su quinta reelecciรณn, inaugurando asรญ un sexto mandato. […] No obstante, su permanencia se sostiene en el respaldo de Occidente, que privilegia la estabilidad que garantiza para sus intereses.
De este modo, mientras algunos gobiernos autoritarios prolongan su permanencia en el poder sin mayores sanciones porque se subordinan a los deseos imperiales, otros son severamente cuestionados porque obstaculizan sus beneficios, como ha ocurrido en el caso de Malรญ. En mayo de 2021, Assimi Goรฏta llegรณ al poder en Malรญ mediante un golpe de Estado, justificado por la inseguridad crรณnica y el despojo neocolonial. Desde enero de 2013, Francia habรญa intervenido militarmente en Malรญ bajo el pretexto de combatir el terrorismo; sin embargo, ocho aรฑos despuรฉs, la violencia, las injusticias y las desigualdades no solo persistรญan, sino que se habรญan intensificado. En ese contexto, el discurso de Goรฏta se erigiรณ como un rechazo directo a los intereses imperiales franceses, exigiendo la retirada de sus fuerzas armadas.

La salida de Francia, sin embargo, no prometรญa una transformaciรณn inmediata. La violencia, profundamente enraizada, y las desigualdades histรณricas habรญan fragmentado a la sociedad. Frente a este escenario, la alianza con fuerzas rusas fue concebida como una estrategia viable, en parte inspirada en la experiencia de la Repรบblica Centroafricana, donde se habรญa logrado una reducciรณn considerable de la violencia criminal. No obstante, la realidad maliense evidenciรณ sus propias complejidades.
El golpe de Estado en Malรญ se inscribiรณ en una serie de movimientos similares que, en conjunto, pusieron en tensiรณn los intereses franceses en la regiรณn. En particular, los proyectos polรญticos de Burkina Faso y Nรญger, articulados con el de Malรญ, incidieron directamente en el repliegue del despliegue militar francรฉs y estadounidense, al tiempo que interrumpieron los circuitos extractivos de recursos estratรฉgicos como el uranio en Nรญger, el oro en Burkina Faso y el litio en Malรญ.
El golpe de Estado en Malรญ se inscribiรณ en una serie de movimientos similares que, en conjunto, pusieron en tensiรณn los intereses franceses en la regiรณn.
En Malรญ, la lucha contra los grupos terroristas se ha articulado con la persistente bรบsqueda de la antigua metrรณpoli por mantener su influencia, en tensiรณn con los vรญnculos que el gobierno de Goรฏta ha establecido con Rusia, lo cual tambiรฉn dialoga con los intereses estadounidenses. Por ello, los acontecimientos de finales de abril no deben interpretarse como una expresiรณn de una supuesta violencia โnaturalโ de las sociedades africanas, sino como el resultado de relaciones histรณricas de dependencia y de intereses externos que encuentran en las economรญas de guerra un terreno fรฉrtil para su reproducciรณn.
El 25 de abril, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) y el Frente de Liberaciรณn de Azawad (FLA) lanzaron ataques coordinados en ciudades como Bamako, Kidal, Kati, Mopti y Sรฉvarรฉ. En estos ataques muriรณ Sadio Camara, entonces ministro de Defensa y aliado estratรฉgico de Rusia. Este episodio invita a problematizar, al menos, dos procesos fundamentales. En primer lugar, la posible asociaciรณn entre grupos terroristas como el JNIM y fuerzas separatistas como el FLA con Francia. Desde antes de los ataques, Goรฏta habรญa acusado a Francia de respaldar a estos actores; y aunque los rebeldes tuareg han mantenido histรณricamente una lucha contra el poder colonial francรฉs, las alianzas, en contextos de disputa geopolรญtica, son profundamente cambiantes. En segundo lugar, la articulaciรณn entre el JNIM y el FLA plantea interrogantes sobre la naturaleza de estas convergencias: si bien la vinculaciรณn de un movimiento separatista con un grupo afiliado a Al Qaeda โque ha incrementado la letalidad de los ataques en la regiรณnโ resulta problemรกtica, tambiรฉn evidencia que la violencia estructural y el despojo continuo contra las poblaciones tuareg y arabizadas del norte no pueden resolverse รบnicamente mediante un relevo en la competencia hegemรณnica, sino que exigen cuestionar las lรณgicas mismas de su reproducciรณn.





